editorial

REQUIEM 01-05-2008
Exposición-acción painting-contra el capitalismo
A finales de diciembre del 2003 Akhtar Muhammed, padre afgano de diez hijos, después de haber vendido sus pocos animales, sus alfombras, los utensilios de cocina y hasta las vigas de su casa, fue al mercado y cambió a dos de sus hijos (Sher de diez años, y Baz de cinco) por unos sacos de trigo.

La sociedad de consumo no es una sociedad de abundancia, como se pretende, sino una sociedad de miseria total. En 1930, inmediatamente después de la crisis del 29, 80 millones de personas pasaban hambre en el mundo; hoy ya son más de 850 millones.
La ley íntima del capitalismo es la de sustituir al hombre libre por el hambre libre y comérselo todo sin distinción, las manzanas, las lavadoras, las palabras, las imágenes, bajo la forma mercancía, envoltorio místico de una comestible civilización de chocolate.

Económicamente, el capitalismo es un régimen de destrucción generalizada; que acumula beneficios a través de la explotación, la sobreproducción y el consumo; cuya esencia es la guerra; esta condena mortal que lleva en su seno a acelerado y ampliado su proceso en las últimas décadas mediante esa levadura que llamamos globalización y que exige, como en el siglo XIX, imponer “la ley natural de la oferta y la demanda” con ejércitos y cañones.

Como dice el filósofo Santiago Alba Rico en su “Dialéctica del hambre y la mirada”, los intelectuales deberían dedicar sus fuerzas a establecer meticulosamente el mapa de las líneas que unen las acciones individuales a las consecuencias generales, elaborando para ello un nuevo concepto de responsabilidad moral, ética y jurídica, a partir del cual deberían – para empezar – juzgarse a sí mismos.

Koldo Agarraberes.